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¿Perjudica la ciencia en medicina la salud de las mujeres?

6 noviembre, 2015

3400aLas escasas mujeres que ocupan cargos como rectoras en las universidades españolas o que ninguna haya presidido el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en sus 75 años de existencia son la constatación de una desigualdad. Begoña Morán, directora de programación de Bidebarrieta Kulturgunea de Bilbao se preguntaba el porqué de estas cifras en la presentación de una nueva edición de “Ellas Hacen Ciencia”, un ciclo de conferencias que acerca a la sociedad el trabajo de las mujeres científicas cada jueves del mes de noviembre.

Tras agradecer a las organizadoras de este ciclo, las profesoras de la Universidad del País Vasco Marta Macho y Marije Irabien, su trabajo para concretar un año más esta oferta cultural de la capital vizcaína, y después de una breve presentación, tomó la palabra la primera de las invitadas, Elena Aldasoro, Doctora en Medicina, perteneciente a la Dirección de Salud Pública del Departamento de Salud del Gobierno Vasco.

La conferenciante comenzó asegurando que su disertación tenía un título polémico (La ciencia en medicina, ¿perjudica la salud de las mujeres?), al tiempo que aclaraba que, a pesar de que la ciencia no es neutra, no se la debe culpabilizar de la desigualdad, sino que el perjuicio a la salud de las mujeres se debe a la comparación con los hombres.

Ciencia y perspectiva de género

12219320_10153387842274440_5860528715078080585_nLa conferenciante continuó explicando las diferencias entre sexo y género. Según dijo, hay desigualdades en salud que se deben al sexo, es decir, a las diferencias biológicas que no cambian con la cultura o la geografía. Frente a ellas, las diferencias de género, son consecuencia de construcciones sociales, variables de tiempo o de cultura entre comunidades.

Para ejemplificar estas diferencias por sexo y por género, Aldasoro comentó entre las primeras, las diferencias de tamaño de los órganos. “Los de los hombres, por lo general, -dijo- suelen tener un tamaño mayor”. Habló también del menor volumen sanguíneo de las mujeres o de la menor anchura de las arterías del corazón. Entre los ejemplos de las diferencias de género, una enfermedad, la queratitis microbiana, es un caso especialmente obvio. Se trata de una inflamación que afecta a la córnea, es decir la porción anterior y transparente del ojo, que puede ser debida a múltiples casusas, entre ellas, la deficiente limpieza de las lentes de contacto. La enfermedad afecta significativamente más a hombres que a mujeres.

Así, según Aldasoro, “para que la ciencia tenga rigor hay que introducir la perspectiva de género porque si no el conocimiento que se genera es erróneo”. Un ejemplo son los estudios sobre el infarto de miocardio.

body-116585_640Típicamente se trata de acotar el rango de edad de las poblaciones. En uno de estos estudios realizado en 8 comunidades autónomas españolas, en el que en participó la conferenciante, el periodo de edad de las personas estudiadas estaba entre los 25 y los 74 años. Lo que ocurría con esta restricción de edad es que el 82% de los infartos de las mujeres quedaba fuera del estudio porque el punto máximo de la curva de las mujeres se alcanza 10 años después que el de los hombres, a una edad superior a los 74 años.

A partir de este dato se descubrió que, a pesar de sufrir menos infartos, la tasa de mortalidad femenina era mucho mayor, y la causa no era otra que de nuevo las diferencias de género aplicadas a los tratamientos de los síntomas de infarto. medical-563427_640Las mujeres tardaban más en recibir los cuidados porque no sufrimos los síntomas que se han clasificado como los típicos del infarto“. Además existen diferencias en la percepción del riesgo, tanto por parte de las mujeres como de los profesionales sanitarios. “Ha habido casos en los que se han presentado mujeres con molestias en el pecho y se ha pensado en un síntoma de ansiedad, pero si se presenta un hombre con dolor en el pecho automáticamente se le hace un electro. Esto es una prueba del androcentrismo en la ciencia: La identificación de lo masculino como norma general y representativa del total de la población“.

Precisamente Elena Aldasoro es autora de un artículo titulado “Diferencias de género en el tratamiento de revascularización precoz del infarto agudo de miocardio” en el que sugiere que las diferencias en la presentación clínica del infarto agudo de miocardio (IAM), como la edad, la comorbilidad y la frecuencia de síntomas atípicos, podrían condicionar un proceso de cuidados hospitalarios distinto según el sexo.

Estudios Clínicos

Otro momento en el que las diferencias son claves, es en los estudios clínicos, es decir, en las sucesivas pruebas que se realizan, por ejemplo, para probar la eficacia y los efectos secundarios de un medicamento. La conferenciante constató que estos estudios se tiende a realizarlos con hombres, entre otras razones por su mayor grado de homogeneidad, pero como consecuencia, “la medicina que se aplica a las mujeres está menos basada en la evidencia que la se aplica a los hombres”.

zolpidemUna de las consecuencias de esta manera de proceder es un dato demoledor: El 80% de los fármacos que se retiran son sacados del mercado por los efectos secundarios que provocan a las mujeres. Un caso que ya se puede encontrar en la literatura es el del Zolpidem un somnífero al que, después de 20 años de comercialización en Estados Unidos, le fueron reajustadas las dosis para las mujeres porque después de despertar seguían notando sus efectos dado que todavía no se había reabsorbido completamente.

En definitiva, Elena Aldasoro asegura que “la creación de conocimiento a través de la investigación en salud sigue siendo sesgada debido a la visión androcéntrica de la ciencia, que utiliza muchos más sujetos machos que hembras en los estudios y ensayos clínicos, tanto en seres humanos como en animales. Los efectos indirectos de este problema son, por un lado, que se producen menos avances en la atención sanitaria de las mujeres y, por otro, que la medicina que se aplica a las mujeres, actualmente, está menos basada en la evidencia que la que se aplica a los hombres”.

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La Dra. Elena Aldasoro junto a las organizadoras de este ciclo Marta Macho y Marije Irabien.

El próximo día 12 de noviembre, Flora de Pablo, profesora de Investigación en el Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC y ex presidenta de AMIT impartirá una charla titulada “Sexo, Ciencia y Sociedad: ¿un triángulo que todavía importa?” que versará sobre cómo el sexo y el género son determinantes esenciales de nuestra vida e inciden en la carrera científica desarrollada hoy en día por las mujeres en España y Europa.

Más datos sobre el ciclo “Ellas Hacen Cienciaen esta entrada del blog de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU y en La Cápsula de la Ciencia de Activa Tu Neurona.

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