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Tarzán se casó con la Jane equivocada

17 febrero, 2013

“Sabemos que hay buenas y malas mamás en la sociedad chimpancé y que eso marca el desarrollo de las crías, como en los humanos”

“En tiempos ancestrales nadie hubiera cazado una madre con su cría. Ahora se hace por dinero”

 

Momento especialmente emotivo. Jane Goodall se arrodilla para saludar a una reproducción de un “homo habilis” similar a los que se han encontrado en la garganta de Olduvai en Tanzania, donde Goodall comenzó sus estudios científicos   Foto Activatuneurona

Momento especialmente emotivo. Jane Goodall se arrodilla para saludar a una reproducción de un “homo habilis” similar a los que se han encontrado en la garganta de Olduvai en Tanzania, donde Goodall comenzó sus estudios científicos. Credit: Activatuneurona

La prestigiosa doctora en etología por la universidad de Cambridge, Jane Goodall, ha pasado dos días en España, visitando los yacimientos de la Sierra de Atapuerca (donde se han localizado restos del europeo más antiguo, el homo antecesor), y el Museo de le Evolución Humana, en el que ayer ofreció una cena de gala, en el marco de una campaña denominada “Movilízate por la selva”. En su alocución ante los periodistas, habló de algunas de las actitudes de los chimpancés que estudió durante años, como la generosidad, el altruismo o las relaciones “políticas” que son capaces de establecer entre ellos, y de los peligros que se ciernen sobre animales y humanos en África. La campaña del Instituto Goodall, pretende recoger teléfonos móviles usados, para reducir la demanda de algunos de sus componentes, además de conseguir fondos para financiar campañas de educación y desarrollo sostenible en la cuenca del Congo. Con un mensaje sencillo y claro, aseguró que “esta lucha no tendrá sentido si los niños no son mejores custodios de la naturaleza de lo que lo hemos sido nosotros”.

37 personas  tuvieron anoche el privilegio de compartir una cena de gala con la primatóloga Jane Goodall. Vestida de la forma sencilla que acredita a las personas humildes y hablando en el tono suave y lento, Jane Goodall, compartió una hora de encuentro con periodistas en las instalaciones del museo de la evolución humana de Burgos, antes de visitar alguna de sus salas.

A lo largo de la rueda de prensa, Goodall recordó su infancia y como tras leer El Libro de la Selva se enamoró perdidamente de los animales y decidió hacer su vida conforme al sueño de “viajar a África y escribir sobre ellos”.

Como todos los deseos, este no estuvo exento de dificultades. La falta de dinero de su familia para enviarla a la universidad o la segunda guerra mundial fueron grandes impedimentos para lograr lo que se había propuesto, hasta que finalmente, con 26 años, pudo viajar a Kenia y desarrollar su trabajo de la mano de Louis Leakey, un eminente paleontólogo que trabajaba en la búsqueda de nuestros ancestros en África, y que antes de aceptarla como secretaria, también la puso a prueba. “Fui a verle al museo de historia natural y me hizo un montón de preguntas sobre todas las especies que había allí. Por suerte yo había visitado el museo de historia natural de Londres y aprendí todo lo que pude sobre animales y nuestros ancestros, así que pude responder a sus preguntas”.

Fue Leakey quien propuso a Goodall trabajar con los chimpancés, pero de nuevo surgieron las dificultades. La falta de un título universitario, hizo que la financiación para el proyecto de investigación fuera reducida. Tan sólo le concedieron 4 meses para demostrar que lo que investigaba valía la pena.

Histórica fotografía de Jane Goodall.

Histórica fotografía de Jane Goodall.

Entonces no sabíamos  lo cercanos que estaban los chimpancés a nosotros, pero teníamos fundadas sospechas de que estaban muy cerca. Leakey quería que yo fuera a estudiar a los chimpancés salvajes, porque así podríamos explicar mejor las conductas de nuestros ancestros.

Por sus fósiles podemos aprender muchos aspectos de aquellas criaturas. Por el desgaste dental se puede saber la dieta que tenían. Si se encuentran herramientas, se puede inferir como pasaban sus días, pero, afirma Goodall, “la conducta social no se fosiliza”. Y para colmo de males, Goodall, con una sonrisa en los labios, contó como aquellos primates no habían visto nunca antes a un chimpancé hembra blanco y huían constantemente.

Por suerte, un individuo bautizado como David Barbagris, se dio cuenta que no era peligrosa y se fue acercando a ella paulatinamente, hasta que un día, vio como este chimpancé cogía una ramita, la pelaba y la metía en un termitero para coger las termitas con la boca. “Estaba fabricando una herramienta, y por aquel entonces sólo los humanos nos considerábamos a nosotros mismos como capaces de fabricar herramientas. Éramos los hacedores de herramientas”. Leakey estaba tan excitado por el descubrimiento que la envío a estudiar a la universidad para conseguir su doctorado.

Cuando llegó a la universidad, volvió a encontrarse con el rechazo de los académicos, que no valoraban suficientemente los conocimientos adquiridos por Goodall sobre el terreno, y se aferraban a los saberes clásicos. “Me dijeron que no podía poner nombres a los chimpancés, que eso estaba mal, que tenía que ponerles números”, aunque también reconoce que aquel periodo le sirvió para aprender a pensar de un modo más lógico y a recoger adecuadamente las observaciones que había realizado.

La doctora Goodall sentada junto al chimpancé Freud en Gombe. Foto:© Michael Neugebauer.

La doctora Goodall sentada junto al chimpancé Freud en Gombe. Foto:© Michael Neugebauer.

Conflictos humanos, conflictos animales

Con el tiempo, fue descubriendo y analizando otras conductas de los chimpancés. Algunas de ellas positivas, como el altruismo o la generosidad, posturas y gestos que usan para comunicarse, besos, abrazos o relaciones familiares que duran más de 60 años, pero también otras negativas.

Ahora sabemos que hay buenas y malas mamás en la sociedad chimpancé y que eso marca el desarrollo de las crías. Y conocemos también que los chimpancés pueden ser violentos y tienen la capacidad de hacer la guerra a las comunidades vecinas e incluso de realizar alianzas “políticas” entre ellos para llegar a la supremacía jerárquica”.

Pero llegó un día en que Goodall abandonó sus estudios sobre chimpancés y se dedicó a recorrer África, un tiempo en el que se dio cuenta de que los conflictos humanos y los de los animales mantienen fuertes relaciones, con la diferencia de que los primeros influyen decisivamente en los segundos. La caza furtiva o selvas deforestadas, donde viven chimpancés, son sólo dos ejemplos.

Empecé a comprender mejor la terrible pobreza y la violencia en la que están sumergidas las personas en África y se volvió obvio que muchos de los problemas que tienen en África, tienen que ver con el modo de vida poco sostenible que tenemos en occidente y que ayudar a la gente era una forma de ayudar también a los chimpancés que viven allí.

Uno de esos problemas más preocupantes, según la doctora Goodall, es la caza furtiva y comercial de la fauna salvaje ya que asegura que los hábitos de caza no son tan respetuosos como antaño. “En los tiempos antiguos, cuando se practicaba la caza de subsistencia, nadie hubiera cazado a una madre con su cría. Ahora si se hace porque el único fin es venderlas y sacar dinero, y como las crías tienen poca carne, se venden como mascotas”. La recuperación de esas crías es precisamente una de las campañas que con más insistencia desarrolla la Fundación Goodall.

La primatóloga con el director ejecutivo del Instituto Goodall, Federico Bogdanowicz

La primatóloga con el director ejecutivo del Instituto Goodall, Federico Bogdanowicz. Credit: Activatuneurona

La premio Príncipe de Asturias a la investigación 2003 insistió en que “la lucha por conseguir un futuro mejor y un modo de vida sostenible en este planeta, no tiene sentido si no nos preocupamos de que las próximas generaciones sean mejores custodios de la naturaleza de lo que lo hemos sido nosotros”.

No fue sino hasta el turno de preguntas cuando reveló la  identidad del misterioso personaje que la acompañaba. Un peluche que le regaló un mago invidente al que todo el mundo le decía que abandonase su sueño de ser mago porque sin ver no podría conseguirlo. “Ahora lo es, pero no les dice a los niños que no les ve hasta que acaba el show”. Míster H, (Señor H), ha recorrido ya con Jane Goodall 52 países, aunque ahora descansa encima de un armario “porque como el mundo quiere tocarlo para ver si les inspira y la cabeza a empezado a moverse. Ahora llevo a su hijo pequeño”.

La gran enseñanza de todo esto, afirmó, es que “cada uno de nosotros marca una diferencia cada día. Tenemos la opción de elegir el tipo de impacto que vamos a tener”.

Continuará

Jane Goodall en un instante de la visita. Credit: Activatuneurona

Jane Goodall en un instante de la visita. Credit: Activatuneurona

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